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IPresentó Melquisedec pan y vino Lectura del libro del Génesis . 14,18-20.S — Bendito sea Abrán de parte del Dios Altísimo, que creó el cielo y la tierra. Y bendito sea el Dios Altísimo que ha entregado tus enemigos a tus manos. Y Abrán le dio el diezmo de todo Yo haré llover pan del cielo
Lectura del libro del Éxodo. 16,2-4.12-15. En aquellos días, la comunidad de los israelitas protestó contra Moisés y Aarón el desierto diciendo: — ¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos alrededor de la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda la comunidad. El Señor dijo a Moisés: — Yo haré llover pan del cielo: que el pueblo salga a recoger la ración de caada día lo pondré a prueba a ver si guarda mi ley o no. He oído las murmuraciones de los israelitas. Diles de mi parte: “Al atardecer comeréis carne, por la mañana os hartareis de pan; para que sepáis que yo Soy el Señor Dios vuestro”. Por la tarde una bandada de codornices cubrió todo el campamento; por la mañana había una capa de roció alrededor de él. Cuando se evaporó la capa de roció, apareció en la superficie del desierto un polvo parecido a escarcha. Al verlo los israelitas se dijeron: - ¿Qué es esto? Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: - Es el pan que el Señor os da de comer. Con la fuerza de aquel alimento caminó hasta el monte de Dios
Lectura del libro primero de los Reyes. 19,4-8. En aquellos días, Elías caminó por el desierto una jornada de camino, y al final se sentó bajo una retama, y se deseó la muerte diciendo: — Basta ya. Señor, quítame la vida, pues yo no valgo más que mis padres. Se echó debajo de la retama y se quedó dormido. De pronto, un ángel lo tocó y le dijo: — Levántate, come. Miró Elías y vio a su cabecera un pan cocido en las brasas y una jarra de agua. Comió, bebió y volvió a echarse. Pero el ángel del Señor le tocó por segunda vez diciendo: — Levántate, come, que el camino es superior a tus fuerzas. Se levantó Elías, comió y bebió, y con la fuerza de aquel alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches, hasta el Horeb, el monte de Dios. Venid a comer mi pan y a beber el vino que he mezclado
Lectura del libro de los Proverbios. 9,1-6. La Sabiduría se ha construido su casa plantando siete columnas; ha preparado el banquete, mezclado el vino y puesto la mesa; ha despachado sus criados para que lo anuncien en los puntos que dominan la ciudad: «Los inexpertos, que vengan aquí, voy a hablar a los faltos de Juicio: Venid a comer mi pan y a beber el vino que he mezclado; dejad la inexperiencia y viviréis, seguid el camino de la prudencia». Aunque una madre se olvide del hijo, yo no te olvidaré
Lectura del profeta Isaías. 49,13-15. Exulta, cielo; alégrate, tierra; romped a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo, se compadece de los desamparados. Sión decía: «Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado». — ¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré — dice el Señor todopoderoso. Con amor eterno te amé
Lectura del profeta Jeremías. 31,1-4. En aquel tiempo — oráculo del Señor — seré el Dios de todas las tribus de Israel, y ellas serán mi pueblo. Así dice el Señor: Halló gracia en el desierto el pueblo escapado de la espada; camina Israel a su descanso, el Señor se le apareció de lejos. Con amor eterno te amé, por eso prolongué mi misericordia. Todavía te construiré, y serás reconstruida, Doncella de Israel; todavía te adornarás y saldrás con panderos a bailar en corros. Yo mismo apacentaré mis ovejas y las haré sestear
Lectura del profeta Ezequiel. 3411-16. Así dice el Señor Dios: Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro. Como un pastor sigue el rastro de su rebaño cuando se encuentra las ovejas dispersas, así seguiré yo el rastro de mis ovejas; y las libraré, sacándolas de todos los lugares donde se desperdigaron, el día de los nubarrones y de la oscuridad. Las sacaré de entre los pueblos, las congregaré de los países, las traeré a la tierra, las apacentaré por los montes de Israel, por las cañadas y por los poblados del país. Las apacentaré en pastizales escogidos, tendrán sus dehesas en lo alto de los montes de Israel, sé recostarán en fértiles dehesas, y pastarán pastos jugosos en la montaña de Israel. Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear — oráculo del Señor Dios. Buscaré las ovejas perdidas, haré volver a las descarriadas, vendaré a las heridas, curaré a las enfermas; a las gordas y fuertes las guardaré, y las apacentaré debidamente. Se me revuelve el corazón
Lectura del profeta Óseas. 11b.3-4.8c-9. Esto dice el Señor: Cuando Israel era joven le amé, desde Egipto llamé a mi hijo. Yo enseñé a andar a Efraín, le alzaba en brazos, y él no comprendía que yo le curaba. Con ataduras humanas, con lazos de amor le atraía; era para ellos como el que levanta el yugo de la cerviz, me inclinaba y le daba de comer. Se me revuelve el corazón, se me conmueven las entrañas. N o cederé al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraín; que soy Dios y no hombre, santo en medio de ti, y no enemigo a la puerta.
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