ECCOMI. Pero en este año sacerdotal esta celebración tiene un matiz diferente, durante todos estos meses no sólo los clérigos sino que toda la Iglesia ha venido reflexionando sobre la misión y la importancia del sacerdocio ministerial para la comunidad cristiana. Sin embargo no por casualidad este año ha sido también el momento en que muchas de las comunidades locales han tenido que enfrentar con muchos sufrimientos los escándalos surgidos a partir de la conducta inapropiada de algunos clérigos. Con este bagaje de nuevo subimos con Jesús a Jerusalén, de nuevo vemos de cerca la cima del Calvario, esta vez las heridas de Cristo dejan de ser tan retoricas, hoy de un modo misterioso las vemos más abiertas que nunca, más sangrientas que nunca, porque ya no expresan en sentido genérico el pecado de la humanidad, hoy las vemos como nuestras propias heridas, causadas por los propios pecados de la Iglesia, por nuestros propios pecados, por los escándalos sí, pero más aun por la infidelidad y la inconstancia de muchos. Jesús de nuevo sube al Calvario, de nuevo es crucificado místicamente por nuestros pecados, por nuestra indiferencia ante el mal, por nuestra tibieza y debilidad al momento de enfrentar el pecado, por esto de nuevo contemplamos a Cristo en la empinada subida del Gólgota, de nuevo agotado y sediento, de nuevo flagelado y tambado por el piso. Esta vez vamos nosotros con él, va la Iglesia, va el Papa Benedicto quien valientemente ha enfrentado toda esta situación para confirmarnos a todos en la fe, van también los sacerdotes que mas que celebrar este año, han renovado su fidelidad al maestro bueno que los llamo. Pero también de un modo misterioso también van las victimas y sus familiares, ellos también acompañan a Cristo en su sufrimiento en ellos también siguen abiertas las heridas, ellos también han tenido que enfrentar inocentemente un sufrimiento que solo Dios podrá recompensar. Esta Semana Santa la subida al Calvario sin duda que se siente diferente, porque nos enfrentamos a nuestros propios pecados, a lo que nosotros todos como Iglesia no un sacerdote o un Obispo, sino todos como Iglesia le hemos hecho al Señor, y por eso “Cristo sufre más que nosotros por la humillación de sus sacerdotes y por la aflicción de su Iglesia; si la permite, es porque conoce el bien que puede brotar de ella, de cara a una mayor pureza de su Iglesia. ¡Si hay humildad, la Iglesia saldrá más resplandeciente que nunca de esta guerra!” (P. Raniero Cantalamessa. O.F.M. Predicación a la Casa Pontificia 26/03/2010). Más |
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